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Los postulados que han regido las señas de identidad de la responsabilidad social corporativa se encuentran en proceso de cambio. Desde un punto de vista filosófico estarían en continuo movimiento, al igual que los preceptos sociales, y hoy día se aproximan más desde el cambio en potencia hacia un cambio real. 

En ese contexto situamos la irrupción de una nueva terminología que completa el encaje de siglas: RSC, RSE, ODS… que venimos asumiendo en las últimas décadas. Las empresas, apoyados en las regulaciones que marca la Unión Europea, han empezado ya a evolucionar desde la RSC hacia la ESG. 

La demanda social ha orientado las estrategias empresariales hacia la asunción real de los principios de sostenibilidad, entendiendo que este término debe conciliar los pilares ambientales, sociales y económicos de cualquier actividad empresarial y de inversión. Los criterios ESG se refieren por tanto a Environmental, Social and Governance. 

ESG

Environmental abarca los efectos que las actividades empresariales ejercen en el medioambiente. Dándole una importancia sustancial al cambio climático y a conceptos como la economía circular, huella de carbono, o reducción de residuos.  

Social atiende al impacto que produce en su entorno, en las distintas comunidades. Un espectro en el que tienen cabida los derechos laborales, la equidad salarial o la igualdad. 

Governance se refiere al gobierno corporativo y los aspectos reputacionales. Contemplando, entre otros, la composición y diversidad de su Consejo de Administración y las prácticas empresariales transparentes, éticas y en contra de la corrupción. 

Este movimiento toma otra dimensión en las tendencias en inversión, donde se buscan carteras sólidas que contemplen estos principios. La ESG rebasa también el mero carácter reputacional hacia el interés económico, implicando a la cúpula directiva de las empresas y a los objetivos de negocio, presentes y futuros. 

 

Artículo publicado en el Foro de Empresas Socialmente Responsables de Málaga